Génesis

Una mirada al pasado para comprender el presente.

Fue en enero del año 2002. Todo sucedió de la manera más fortuita, por lo que nada ni nadie se imaginó en aquel momento lo que estaría por venir. Este inicio es una parte fundamental para conocer los valores de Marver y se lo narramos así. ¿Se anima? Dos chicos jóvenes son los que aparecen en la primera escena de la historia. Uno tenía 21 y el otro 16, ambos desbordaban ganas de trabajar y de emprender algo nuevo, aunque entre ellos existían diferentes visiones. Su objetivo era encontrar un puesto de trabajo porque en ese momento no estaba ninguno para elegir. Fueron tocando una a una todas las puertas de varias zonas industriales vecinas a su zona de residencia. Bueno perdón… todas excepto una. Aquella puerta se quedó sin llamar. El chico más joven, lleno de ingenuidad y extrañado, le preguntó a su amigo más experimentado el motivo por el cual no entraron en aquel lugar, a lo que su compañero le contestó: -¡En invierno el metal está muy frío y en verano está muy caliente!

El chico joven

El chico joven, haciendo gala de su ingenuidad, se le ocurrió contestar lo siguiente: -Bueno… ehh… ¿Nos ponemos unos guantes y ya está no?

A lo que su compañero respondió con un gesto en su cara muy elocuente y fácil de entender, al parecer la empresa del metal no era buena idea, y continuaron su marcha. Días después, al chico más mayor le contrataron en una empresa y el chico más joven siguió buscando trabajo día tras día. Una semana fue suficiente para él, encontró un puesto en una empresa de artes gráficas en el que duró cuatro días. El chico joven se vio sin trabajo y sintió que no podía llegar a su casa así, es en ese momento cuando empezó a pensar dónde poder ir. Esto se le hacía complicado, pues un par de semanas atrás, estuvo tocando todas las puertas de las empresas cercanas a su zona de residencia. Todas menos una.

Rápidamente se acordó de aquella empresa de metal, que su amigo le desaconsejo totalmente, y puso rumbo a ella.

Entró en aquella nave en la que no entraba ni un rayo de luz, al fijarse a su alrededor sólo vió suciedad y metales por todos los lados. En ese momento recordó las palabras de su amigo más mayor, pero lejos de irse se dirigió como un rayo a hablar con el gerente de la empresa. Tocó una puerta que se veía al final de unas escaleras llenas de polvo y, tras dar los buenos días, se ofreció para trabajar. Después de varias preguntas por parte del gerente el chico fue contratado. Como era de esperar, aquel chico no cabía en sí de júbilo y fue corriendo a su casa para contarle a su madre que tenía trabajo. La madre le preguntó que dónde, a lo que el chico contestó: -¡No lo sé mamá! había muchos señores con la cara sucia y muchos metales por el suelo. El lunes a las 08:00 de la mañana acudió a la fábrica, y preguntó por un tal señor Lucio que era el encargado del lugar

Aquella empresa de metal

Yo te voy a enseñar

-¿Cómo te llamas? -Juan. -Y ¿por qué todos los días vienes aquí cuando los demás se van y coges la primera máquina que ves?

El chico con los ojos llenos de ganas y de energía le contestó: -Porque a mi me encanta este trabajo. Al día siguiente Antonio, que así se llamaba aquel señor, fue al departamento del aluminio donde estaba el chico . -Vente conmigo-, le dijo. -¿Dónde?- le preguntó. -Al departamento del hierro- contestó. -Pero… yo no sé trabajar- le dijo él. Antonio “el Melilla” como le llamaban, le dijo: -Yo te voy a enseñar.

¡Llévate a ese!

El chico no sabía lo que estaba por venir. La empresa se dividía en dos partes: hierro y aluminio.

Al chico le tocó estar en una cadena de montaje haciendo trabajos mecánicos, repetitivos, y empezó a recordar su triste paso por las artes gráficas. Sus días empezaron a ser aburridos y sin motivación, hasta que de repente apareció un señor llamado Ramón y dijo en voz alta: -¡Necesito un niño! El chico no estaba muy bien valorado en ese departamento, ya que la desgana y la falta de pasión que hacía presentes cada día en el trabajo eran muy evidentes, por lo que fue el primero en ser prescindible. Lucio, el encargado de su departamento, no dudó en decirle a Ramón con cierta cara de no querer al chico cerca: -¡Llévate a ese!

Se montaron en una furgoneta y pusieron rumbo a una obra.

El chico era el encargado de llevar la herramienta, ya que no sabía hacer nada más. Una vez allí, Ramón comenzó a dar una serie de cortes y soldaduras que despertaron un gran interés en el chico. Fue para él esa mezcla de olores y destellos de fuego los que causaron su atracción, mientras de fondo sonaba en la radio una canción del cantante colombiano Juanes de la que nunca se olvidaría.Por alguna extraña razón, ese chico se dio cuenta de que había encontrado su pasión. Aunque regresó de nuevo a su puesto en el departamento de aluminio, después de ese día nada volvió a ser igual. El chico tomó la decisión de cumplir su sueño por lo que todos los días fuera de su hora de trabajo, cuando todo el mundo se iba a su casa, él iba al departamento del hierro, cogía la primera máquina que encontraba, y se ponía a usarla sin ningún tipo de conocimiento. Tras varias semanas haciendo esto, se le acercó un señor y le tocó por la espalda, el chico se giró y vio a uno de los trabajadores del departamento del metal y comenzaron a hablar:

Nada volvió a ser igual

Fue el día más feliz de aquel chico

Fue el día más feliz de aquel chico. Antonio estuvo con él enseñándole el oficio con calma y paciencia, pero pronto todo cambiaría.

Llegó el momento en el que el chico cumplía su contrato con la empresa y Antonio “el Melilla” estuvo esperando el desenlace. El ciclo del chico en aquel lugar que le empezó a formar como profesional y como hombre había terminado. Antonio, con cierta cara de tristeza por su salida, le dijo varias frases que el chico no terminaba de entender pero que pasados los años jamás las iba a olvidar: -Juan, no te preocupes porque no sigas trabajando aquí. De hecho te va a venir muy bien tu marcha, porque en cada empresa se trabaja el tubo de 40 de una forma, y de todos vas a aprender para ser un gran profesional. Además, quiero que recuerdes una cosa: ¡Vas a llegar muy lejos en la vida! Después de aquellas frases tan emotivas, el chico empezó a trabajar hasta en seis empresas más, donde fue conociendo mil formas de trabajar, tal y como le había dicho Antonio “el Melilla”.

Por el camino se encontró con grandes personas como su jefe Marcelino, que creyó mucho en él.

O los que ahora son sus amigos, Javi y Carlos, que tuvieron que soportar la inquietud de aquel chico pero que tenían plena confianza en él. A los 24 años no dudó en abrirse su primer taller, dentro de una antigua nave que en su momento fue un criadero de conejos y que pronto dejaría para irse a un gallinero rehabilitado como almacén, el cual le vio fabricar sus primeras puertas metálicas. En aquel lugar se encontraría con Domingo, que iba a ser un actor principal en esta historia y que a día de hoy es el hermano mayor que nunca tuvo. Hoy, el chico es algo más mayor que entonces, salió del gallinero para empezar un proyecto de futuro en unas instalaciones más grandes y preparadas, donde poco a poco dejó de ser el único protagonista de esta historia. Ahora los protagonistas son un equipo de personas que comparten y disfrutan las ideas de aquel chaval. Pase lo que pase, la esencia del inicio ya forma parte de la compañía.

BIENVENIDOS A GRUPO MARVER

La esencia del inicio